En pocas películas o historias el héroe o la heroína termina del otro lado. Está la posibilidad de encontrar un antihéroe, como también al clásico villano que hasta tiene sus fanáticos. Pero que los héroes pasen a ser villanos por la percepción de una sola persona llama la atención, aunque algo así pasó en La Plata.
Durante este fin de semana, se dio una particular anécdota que vivieron dos platenses en el supermercado mayorista Nini. Conocido por miles de vecinos, desde 1980 se transformó en un Centro de Compras Mayoristas y que posee 14 mil metros cuadrados. Ahí no solo podés comprar y en cantidad, sino también perderte.
Una pareja, cada uno aproximanadamente de unos 35 años, fue a hacer su compra semanale -porque ya mensual es imposible- al gran mercado que está a pocas cuadras del Estadio Ciudad de La Plata.
Todo parecía como cualquer día de compras, hasta que llegaron a un pasillo en donde se detuvieron a controlar los precios y contar cuánto venían gastando. Según la historia a la que accedió El Editor Platense, ella apoyó el bolso y empezó a sumar. Él, colectivero de la Línea Oeste, iba controlando lo que tenía el changuito.
Mientras observaba los artículos que tenían, este hombre -de identidad reservada como también la de ella- se asombró: no era por los precios, sino por lo que divisó a pocos centímetros de su posición. "Un teléfono, azul, que parecía un Iphone".
Con miedo de tomarlo, él le comentó a su mujer: "Mirá, alguien se lo olvidó". Ella, lentamente se dio vuelta y se sorprendió al ver este Iphone. "Es uno de los nuevos", sostuvo. Observaron si había alguien alrededor que lo esté buscando, pero nada. Ninguna persona parecía estar buscando su celular perdido.
De buena leche y sabiendo que quizás otro haría algo distinto, la pareja optó por tomar el Iphone y buscar al dueño o dueña del ostentoso móvil. No sabían qué modelo era, pero sí notaron que podría ser uno de los nuevos.
¿Cómo hacer para encontrar al dueño o dueña?
Ella notó que había una mujer que estaba por ese sector segundos antes y sospechó que podría ser de ella. "Tenía un jean gris y una remera negra", le dijo a su pareja. "¿Segura?", le respondió. "Sí", siguió, y fueron pasillo por pasillo hasta encontrarla.
No era fácil, ya que Nini tiene cientos de metros cuadrados, entre góndolas, cajeros, y las cientas de personas que circulan día tras día.
Minutos más tarde, encontraron a una mujer vestida de tal manera: jean gris y remera negra. Fueron a por ella. "Disculpá, ¿puede ser que hayas perdido algo?", le preguntó la mujer a la hipotética dueña. "Creo que no", respondió, tajante. "Fijate bien", aseguró la hasta ahora heroína.
"Sí, me falta el teléfono", soltó la mujer, exaltada y un poco molesta por la situación tras abrir su costoso bolso que no hablaba español. "¿Cómo era tu celular?", le preguntó, para no caer en falsas expectativas. "Un Iphone 13 Pro Max", soltó, molesta. "¿Color?", siguió preguntando. "Azul", continuó, despectivamente.
La heroína de esta historia junto a su marido, quien lo vio primero, estaba medio incómoda. No notaban una cierta alegría de la mujer que perdió el teléfono y que gracias a ella lo recuperaba. Todo lo contrario. "Tenía cara como que si nosotros se lo hubiésemos sacado", decía después él, tras el notable suceso.
El famoso Iphone 13 Pro Max. Imagen de referencia
Aunque los datos estaban claros, necesitaban una prueba más para que el teléfono llegue a las manos debidas y no a un cualquiera. Y la hipótetica dueña dejó de ser una posibilidad a confirmar que era ella: puso la huella digital y desbloqueó el celular.
La pareja sonrió, pero la esbozaron por pocos segundos: la mujer a la cual le salvaron la tarde ni les dijo gracias, nada. "No te digo que nos de plata, pero aunque sea agradecernos", soltaba él, quien notó mientras su mujer buscaba saber la verdad de la dueña que tenía un changuito supercargado.
"Cumplimos, encontramos el teléfono y fuimos por su dueña. Mejor que fuimos nosotros porque sino otro se lo hubiese hecho guita", cerró, en esta charla que brindó durante un viaje sobre el Oeste 23. Una historia en la cual empezaron como héroes y terminaron injustamente como "villanos", sin poder creerlo ante semejante acto de bondad en un supermercado gigante y cuando fue la dueña la que generó -por olvido- la propia pérdida de su teléfono.